22 de febrero de 2010

Lyonel Feininger



Si todos pudiéramos viajar en aquellos veleros, abrigarnos con el futuro, hornear nuestro pan, extender nuestro azul.

Si todos proyectáramos nuestra alma en los muros, asistiéramos a Bauhaus, leyéramos las ciudades en clave de sol.

Si todos aprendiéramos a combatir a los nazis, nos habituáramos a decir gracias y atrapáramos las esencias en pequeños trazos de luz.

Si todos viajáramos en busca de la música y viviéramos de hacer caricaturas en los periódicos, conversando con Gropius, pensando en rascacielos que aún no existen.

Si todos tuviéramos un piano y un pincel.









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