17 de febrero de 2010

Próspero en el alma de los cielos




Nuestra arca se acerca a las esferas del cielo,

multitud de volcanes explotan

en plegaria de siglos y ceniza,

en etampida, en carnaval,

como furiosos dragones en guerra.


Hay música de rocas y relámpagos,

océanos que chocan y se alejan,

cumbres que vuelan,

ciudades que explotan.


Hay lava que forma mares con rostros de niños,

hombres que saltan a otros mundos,

gases que rugen palabras y

levantan cielos rojos, amarillos, violetas.


Hay anillos que cruzan y tuercen los cielos,

avispas paridas por aviones,

políticos en palacios abandonados,

enjambres de moscas que apagan el día,

coches guiados por gigantes,

caracoles con forma de ballenas,

nieve que pesa sobre las almas.



Nos detenemos en un teatro

con poemas grabados en sus muros,

es un estadio dentro de una caverna,

un hueco en el alma de los cielos.



Julieta ha quebrado su botella de filtros

y el escenario se llena de lágrimas

que suben a lo alto como ráfagas de rocío,

todo es luces de colores,

todo es muerte y comienzo.


Al culminar la obra,

el fantasma de Próspero explica sus misterios,

habla de sus hermanos actores,

de sus ritos de magia,

de libros y sexo.


Termina su relato y el espectro se evapora,

todo se disipa en el aire impalpable,

pues todo era espíritu,

incluso el edificio sin base de esta visión,

las altas torres que llenaban el horizonte,

los palacios de piedra,

los magníficos templos,

los numerosos cielos

y todo cuanto han visto nuestros ojos,

se extingue.


Somos el sueño de una estrella que despierta.














En la imagen, la aurora boreal de Júpiter según la Nasa.
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