23 de abril de 2010

Benito y la Reina de los Sentidos




“Escucha, hijo, los preceptos del Maestro, e inclina el oído de tu corazón; recibe con gusto el consejo de un padre piadoso, y cúmplelo verdaderamente. Así volverás por el trabajo de la obediencia, a Aquel de quien te habías alejado por la desidia de la desobediencia. Mi palabra se dirige ahora a ti, quienquiera que seas, que renuncias a tus propias voluntades y tomas las preclaras y fortísimas armas de la obediencia, para militar por Cristo Señor, verdadero Rey”.



El monje la miraba desde su Reino,
liberaba las puertas de piedra,
comentaba su alegría,
sus cintillos de guerrera,
su forma de ser en la Luz.

Pronto fue transitando
del desapego a los afectos,
de la paz a la ansiedad,
del Reino del Espíritu
a la selva de lo sentidos.

¿Cómo regresar al mundo?
Dejar las rutinas del sol,
y los pies de los mendigos,
abandonar el pan, la comunión,
los trabajos que modelan
su alegría.

El hombre temblada de miedo
y de emoción,
ajeno ya a los dos reinos,
lamentándose
al otro lado de los muros,
expulsado de la Casa de su Padre
y extranjero en el planeta del yo.

Abif, en cambio,
estaba sereno.
Sólo hay renuncia
cuando se nota al jazmín,
se prueba el caldo,
se pierde la boca en la miel.

Ella, nuestra amiga,
es caricia y montaña,
bosque de paz,
agua que limpia y perdona,
sin malicia,
sin preguntas,
llena de una clara alegría.

Le atrajo la pureza del monje,
los océanos de su espíritu
la quietud de sus ojos,
los instintos de vida
en el Jardín de la Luz.


Volverá ella a cruzar las puertas de piedra,
la higuera perderá sus frutos,
aceptará el invierno,
conservará su esencia,
retornará el azul.





En la imagen, "Pietà", de Marina Abramovic.
La cita corresponde al comienzo de la regla de San Benito.
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