14 de abril de 2010

Isidora en el bosque




Vamos caminando por el bosque,

siento las conversaciones de los pájaros

el crepitar de las ramas,

el aroma de la tierra,

los silenciosos rayos del sol.


El arroyo cumple su persistente trabajo

mientras converso con mi hija

sobre el peligroso litre

el rastro de los conejos

y un asteroide negro

que encontramos en San Pedro,

al otro lado de los cerros de Olmué.


Hablamos sobre el maqui,

las moras de los esteros,

las vertientes, la pequeña

selva de las quebradas

en que nace el agua.


Hablamos de los boldos,

los espinos, los colihues,

el quillay, los bellotos,

las risueñas palmas,

los sombríos sauces,

las flores de los cactus,

las pequeñas serpientes

que abundan entre las plantas.


Luego le cuento que

mi abuelo Bladimiro me enseñó aquel

bosque, porque su padre

le había llevado a la montaña,

antes de que existieran los automóviles,

los aviones, el reino

de las máquinas y las cocinas a gas.


Hablamos largamente

hasta que llegó un lagarto

a mirarnos a los ojos

y huimos cerro abajo

hacia el punto en que reina

el moscardón.





La imagen es de Abundantia y proviene de pixdaus
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