6 de abril de 2010

Medianoche






Es medianoche y estiro mi copa al sol.

Estamos en el reino de las sombras

y en el centro del mundo,

nos acompañan los violines,

las horas, los mejores muertos,

las ideas que abren y cierran el mar.


Estamos junto a la fuente de agua,

en una extensa biblioteca.

El rey lleva su rostro de niño

y su perfume de nardo,

bebe vino a sorbos lentos,

sentado sobre una piedra,

que marca el centro

de todos los centros.



Me pregunta por mi hija,

por el nombre de sus ángeles,

por sus cantos,

por el número y la frecuencia

de sus sonrisas,

por los nuevos brotes

del árbol de la vida.



Estamos contentos,

el sol ha pasado entre

todos los espíritus,

ha cruzado de cuerpo

en cuerpo, eléctrico,

como un rayo o un río de luz.


Hemos estado en su casa,

seguros de su fuerza,

perdidos en su belleza,

felices de estar en él.









Este poema está dedicado a Yolanda Allemandi.

Se que allí, en el centro del mundo, puede abrazar a su sol.


En las imágenes, "Sol de la mañana" de Edward Hooper y una foto de la Sala del Domo de la Bibloteca del Congreso de los Estados Unidos.
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