10 de abril de 2010

Jesús prisionero.






Deja todo y sígueme.

Ni siquiera fumes tu último cigarro.

Vamos a la cárcel

y llevemos luz a los que sufren,

allí no hay violadores ni asesinos,

sino seres humanos,

engañados, destruidos,

secuestrados.



Si, dominados por sus demonios,

sus impulsos devastadores,

las costumbres que tomaron al nacer,

o bebieron en la leche

o tomaron del barro y la basura.


Vamos, nuestra

pequeña lámpara

sirve más en la oscuridad,

la música se eleva en el silencio

y hay un hermano nuestro

que está solo y extraviado,

necesita nuestro abrazo,

nuestro oído,

nuestro amor....

que sólo merece llamarse así

cuando está dirigido a otro,

cuando nada espera a cambio.


Tal vez,

lo que más necesita

es hablarnos,

sentirse persona,

comentar un libro,

un partido de fútbol,

una receta de cocina.




Cravaggio nos muestra a Jesús prisionero en "Ecco Homo"
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